Sexo, estrellas y serpientes.

Aunque no os lo creais, todas las cosas del universo se encuentran dentro de un hombre y un mujer. Por lo tanto conocer nuestros cuerpos se vuelve un gran misterio, donde cada parte él y lo que lo cubre tiene su simbología mágica y cuya máxima expresión es el sexo.
El simbolismo es lo único que le otorga a las cosas su magia y significado. Esa es la diferencia entre hacer el amor entre los dioses y follar en un colchón guarro. Aquí os cuento algunas cosas a tener en cuenta cuando toquéis a una mujer.
Los pies de una mujer simbolizan la imaginación, la que nos lleva a situaciones inusuales.
Los pechos son el alimento, no solo físico, sino también emocional y espiritual. Hacen que la vida sea posible y la sustentan. No olvidemos que nuestra galaxia se creó de la leche de la diosa Nuit.
La ropa interior de una mujer simbolizan la emoción y el amor, por eso es tan importante para los hombres.
La copa entre los muslos de la mujer es un símbolo sagrado, el Grial de la compasión divina, es Dios considerado como lo femenino, destinado a apaciguar la sed del hombre.
El bastón de mago del hombre es el símbolo de Dios desde el punto de vista masculino, es la voluntad que penetra en el misterio.
Una habitación y una cama simbolizan lo que siempre han representado desde las cavernas, seguridad y afecto. Allí fue donde todos los hombres amaron, fueron concebidos y murieron.
Durante el sexo la varita se sumerge en el cáliz, lo masculino en lo femenino, la voluntad en la compasión. Esta última es infinita, es un ciclo como las mareas, encendido y apagado, dentro fuera, sin fin.






2 Responses
  1. Me encanto y me recordó este fragmento que amo, y queria compartir con vos....

    Palinuro de México (fragmento)

    Ella y yo hacíamos el amor diariamente.
    En otras palabras,
    los lunes, los martes y los miércoles
    hacíamos el amor invariablemente...
    Los jueves, los viernes y los sábado s.
    hacíamos el amor igualmente...
    Por último los domingo s
    hacíamos el amor religiosamente.
    Hacíamos el amor compasivamente.
    Hacíamos el amor deliberadamente.
    Lo hacíamos espontáneamente.
    Hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres,
    por favor, por supuesto, por teléfono,
    de primera intensión y en última instancia,
    por no dejar y por si acaso,
    como primera medida y como último recurso.
    Hicimos el amor por ósmosis y por simbiosis:
    Y a eso le llamábamos hacer el amor científicamente.
    Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mi:
    es decir, recíprocamente.
    Y cuando ella se queda a la mitad de un orgasmo
    y yo con el miembro convertido en un músculo fláccido
    no podía llenarla
    entonces hacíamos el amo r lastimosamente.
    Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me
    imaginaba que no iba a poder, y no podía,
    y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía,
    o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de
    los dos alcanzaba el orgasmo.
    Decíamos, entonces,
    que habíamos hecho el amor aproximadamente.
    O bien a Estefanía le daba por recordar las ardillas que el tío
    Esteban le trajo de Wisconsin
    que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina,
    y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos,
    con sus sillas vienesas y sus macetas rosas,
    esperando la eclosión de las cuatro de la tarde...
    así era como hacíamos el amor nostálgicamente,
    viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
    Muchas veces hicimos el amor contra natura,
    a favor de natura,
    ignorando a natura.
    O de noche con la luz encendida,
    o de día con los ojos cerrados.
    O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia.
    O viceversa.
    Contentos, felices, dolientes, amargados.
    Con remordimientos y sin sentido.
    Con sueño y con frío
    Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida,
    y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro,
    entonces hacíamos el amor inútilmente.
    Para envidia de nuestros amigos y enemigos,
    hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente.
    Para honra de nuestro s padres, hacíamos el amo r moralmente.
    Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
    Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente.
    Hacíamos el amor físicamente,
    de pie y cantando,
    de rodillas y rezando,
    acostados y soñando.
    Y sobre todo,
    y por la simple razón
    de que yo lo quería así.
    Y ella también,
    hacíamos el amor...
    voluntariamente
    Fernando del Paso


  2. David Fouler Says:

    gracias por todo retroalimentación del ser.


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